El gobierno del ex presidente George W. Bush y del actual de Barack Obama han puesto mano a las arcas de la nación, o sea de los trabajadores y contribuyentes de impuestos, para salvar a los financistas, banqueros y dueños de empresas. Es decir, las autoridades que elegimos para gobernar el país, en la Casa Blanca (The White House) y los senadores y representantes han decidido por nosotros que era necesario tocar dinero del pueblo, de los más de 170 millones de contribuyentes para que los entes bancarios y algunas empresas, como General Motors, pudieran seguir a flote. Muchos de estos dueños de empresas, bancos e instituciones financieras como Fanny May o Bank of America realizaron transacciones arriesgadas y pusieron al borde del colapso sus industrias. Para los gobernantes, tanto el Presidente como los legisladores, la excusa fue que si no se sacaba plata del pueblo, de los trabajadores, estas instituciones tan colosales irían al precipicio y con ello todo el país y quizá la mitad de las finanzas del mundo y de la economía global sucumbirían. El temor, el miedo y la angustia fueron las herramientas utilizadas por el gobierno, desde la Casa Blanca y el Congreso, para justificar lo injustificable: premiar con dinero del pueblo a unos empresarios y banqueros irresponsables cuyo único objetivo en vida es llenarse los bolsillos con artimañas elaboradas sin importarles un bledo las consecuencias. Es que los ejecutivos de Wall Street saben muy bien que el Presidente y los legisladores son sus aliados y que cuando las papas queman saldrán al paso para extenderles la mano, con dinero del pueblo. El gobierno ha estado utilizando desde hace años el arte de la persuación terrorífica, con amenazas de fin del mundo si no se hace lo que tienen planeado hacer. En realidad no entiendo por qué deben usar el terror en la población para hacer lo que tienen planeado; total se salen con las suyas de todos modos. El ex presidente republicano George W. Bush utilizó el terror para imponernos la ocupación de Afganistán y luego Irak. Luego vino el presidente demócrata Barack Obama con el mismo cuento de que el planeta no iba a girar sobre su eje si no se desembolsaba una vez más el fondo del Estado para que los ricachones no pierdan sus jugosos bonos, sumados a sus exhorbitantes salarios. Sin pasarme por economista o letrado en la materia, coincido con muchas mentes pensantes que el presupuesto de la nación fácilmente se puede equilibrar con la eliminación de gastos supérfluos, como la construcción de un “museo de pezca”, despilfarro de dinero en obras rimbombantes que no generan fuentes de trabajo. La cantidad de plata que se bota en guerras billonarias, como la ocupación de Afganistán e Irak, rubros de las Fuerzas Armadas que ocupan el 25 por ciento del presupuesto anual de Estados Unidos son bofetadas a su pueblo, cuando existen unos 30 millones viviendo por debajo del nivel de pobreza, unos 50 millones no tenemos seguro médico y la lista de miserias está para rato. Cuando los poderosos del país cometen “errores financieros” se les premia con dinero de los trabajadores. Cuando los trabajadores no tienen cómo pagar sus hipotecas, el seguro médico, o un paseito por ahí, recibe la amenaza de ser tirado a la calle o a la cárcel. A veces me pregunto si el gobierno que elegimos trabaja para salvar el país o solo para salvar el pellejo de los poderosos a costa del sufrimiento de los votantes y contribuyentes. |
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