Me uno a millones de personas que han dicho presente para lograr reconstruir las vidas de nuestros hermanos haitianos y su país. Continuemos elevando nuestras oraciones por todas las víctimas, para que sean sanados del dolor y levantados de la miseria que los arropa. Tras la catástrofe acontecida en Haití, el pasado 12 de enero, he escuchado a muchos angustiados preguntarse: ¿Porqué Dios permite todo esto? Dios jamás será el autor de tragedias como la que se vive en Haití. Dios jamás regirá el comportamiento natural de todo lo existente con el fin de detener, ni de propiciar terribles catástrofes que provoquen desolación. La tierra, capaz de cambiar drásticamente el entorno y la vida del ser humano, actúa según su albedrío. Además, de reaccionar adversamente ante un inminente deterioro. El planeta tierra - como el mismo ser humano y las demás especies - evoluciona, se transforma, sufre cambios, siguiendo un curso plenamente natural. Dios como creador da vida, vida en abundancia, quedando excluido de una teoría apocalíptica de destrucción, de supuesto castigo o terror. Dios es un Dios de Amor que siempre está listo para acogernos, consolarnos, aceptarnos, perdonarnos, transformar nuestras vidas, amarnos. En todo lo bueno está Dios, como en lo malo nuestra oportunidad y/o necesidad de reconocerLe, acercarnos a El, y recibir a través de nuestra unión con El, el torrente infinito de sus gracias durante nuestra peregrinación por este hermoso camino que es la vida. Dios, quien es Omnipresente, ha estado con nosotros en todo lugar y en todo momento desde el comienzo de nuestra existencia como al igual lo estará en el momento de nuestra muerte física. Dios continuará estando igualmente, aún en momentos de dolor y miseria, en los actos de amor, fe, esperanza y caridad, hacia el prójimo y aquellos que tanto necesitan. Dios bendiga a Haití. |
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