La Bastilla fue tomada el 14 de julio de 1789 por los revolucionarios que iban en busca de la pólvora. Es el símbolo de la Revolución Francesa, que tuvo muchos factores. Según historiadores, el regimen monárquico sucumbió a su propia rigidez en un mundo cambiante, ayudado por el auge de la burguesía, el resentimiento contra el absolutismo de la realeza, el resentimiento contra el sistema feudal y sobre todo con la aparición de nuevas ideas.
Esas ideas surgieron como las pioneras e inspiradoras de las que la sucederían a partir de entonces: libertad, fraternidad, igualdad, rechazo a una sociedad dividida y la separación de poderes del estado.
Libertad para que el ciudadano común pueda desarrollar sus actividades, vivir de la manera como mejor le plazca, y tomar las decisiones a nivel personal como social y ser parte del destino de la nación.
Fraternidad en un ambiente donde se respetan las decisiones y se conducen los negocios del país como si fuera una gran familia.
Igualdad ante la ley, donde todos los ciudadanos, sin importar color, condición social o poder político, se ajustan a las normativas del país y nadie está por encima de la Constitución y las leyes.
Una sociedad dividida conduce al caos, por lo que es igualmente importante mantener la unidad en el marco del respeto de la voluntad de la mayoría, sin menospreciar la opinón de la minoría.
Los poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial deben contar de independencia, que no implica que uno está por encima del otro. La separación de estos poderes hace que el país pueda operar en armonía cumpliendo cada uno con sus deberes y obligaciones.
Estos ideales movilizaron al pueblo francés a tomar la decisión de ir contra el regimen monárquico de entonces. Hoy día estos ideales están más que nunca en el sentimiento popular, y en las puertas del Siglo XXI aparecen como nostálgias de una época muy distante.
Sin embargo, muchos pueblos en el mundo aún hoy se enfrentan con sistemas de gobierno dominantes, que cubiertos con la fachada democrática o de república, continúan subyugando a sus gobernados. En latinoamérica se ha dezatado toda una corriente revolucionaria en los últimos meses y en Bolivia se ha dado cuenta de ello. El pueblo indígena por primera vez en su historia ha elegido a uno de ellos como titular del Ejecutivo.
La tentación de la gente con poder en ejercer el control absoluto sobre la población es una constante. En Venezuela, el ejemplo de lo que el populismo, el afán de convertirse en “padre de los revolucionarios” latinoamericanos lleva a su Presidente a silenciar a la oposición, denota que algunos en nombre de la “revolución” también hoy tiene a sus detractores internos.
La sociedad debe estar alerta y vigilante constantemente. El 14 de julio debe ser cada año no solo la recordación de un hecho histórico que marcó el surgimiento de nobles ideales, sino el convencimiento de que cada día el ciudadano común debe ejercer su responsabilidad cívica de cuidar esos ideales. No basta con ir a votar. La responsabilidad civil no termina en las casillas de votación. La responsabilidad del ciudadano elector comienza en el momento de depositar el voto, porque ese poder debe ejercerse cada día exigiendo a los que son puestos en cargos de autoridad que cumplan sus promesas.
Protestar anónimamente en los medios de comunicación es una forma cómoda de ejercer el derecho cívico, pero lo más importante es estar en contacto con las autoridades ya sea por teléfono o por correo postal para que sepan que están siendo vigilados.
El gobierno norteamericano cuenta con numerosos sistemas de vigilancia y de control de la población, desde leyes como el Patriot Act, pasando por el IRS y cámaras y dispositivos de escucha de nuestras llamadas telefónicas, entre otros mecanismos. Las prerrogativas del gobierno contra la población son innumerables, pero la gente no debe olvidar que los tres poderes del estado están para servir al pueblo y no servirse de él.
Los medios de comunicación igualmente tienen la responsabilidad de recordar su misión que es ser la conciencia del pueblo.