Para sorpresa de opositores y feligreses la visita de Benedicto XVI ha causado un fortalecimiento espiritual en la iglesia católica de este país, durante la semana que el líder de los 6 millones de católicos granjeó más simpatía que condena.
Es indudable que el momento de la presencia del Sumo Pontífice no pudo estar mejor decorado por las circunstancias registradas en los Estados Unidos:
- El candidato presidencial por el Partido Demócrata, Barack Obama, es acusado de ser un partidario de la teología de la liberación negra. (El actual Papa había condenado la teología de la liberación en Sudamérica)
- Líderes de una secta son acusados por mantener relaciones sexuales con menores a su cargo y por lo menos 400 niños fueron puestos a disposición de la justicia. (Por lo menos 6 parroquias católicas han quebrado por denuncias de sacerdotes pedófilos desde hace unos años).
- La presencia de tropas estadounidenses en Irak es desfavorable cada vez más entre los ciudadanos. (El Papa ha sido un asérrimo critico de la invasión desde su inicio en 2003).
En el primer caso, Obama fue criticado duramente antes de la visita del Papa por haber sido feligrés de una agrupación religiosa predominantemente afroamericana. Los sermones del reverendo Jeremiah Wright, quien fuera pastor de Trinity United Church al sur de Chicago por 20 años, se acercaban mucho a la teología de la liberación enseñada en los campos y ciudades de los pueblos sudamericanos. Mientras el reverendo Wright proclamaba la justicia social e igualdad para los negros en este país, los sacerdotes y obispos de la teología de la liberación en el sur del continente se referían a la opresión de las dictaduras de derecha e izquierda y del “capitalismo salvaje”.
Por otro lado, la iglesia católica norteamericana ha estado en los últimos años debatiéndose en la maraña de escándalos sexuales perpetrados por algunos sacerdotes en décadas recientes. “La iglesia es santa y pecadora” decía un teólogo. Con eso se interpreta que siempre habrá manzanas podridas en sus filas, como en cualquier actividad donde el hombre ponga mano. Pareciera aplicar a la secta fundamentalista de Los Santos de los Ultimos Días en un rancho de Texas, donde todavía se practica la poligamia y donde la justicia trata de determinar si hubo o no abuso sexual contra los 400 niños del lugar.
Pero la visita del Papa, al final, fue de fortalecimiento spiritual para sus feligreses, a pesar que el Pontífice cuenta con numerosos detractores. El factor es la lealtad que tiene la gente a su iglesia. Según algunos entendidos en la materia, la afluencia masiva de hispanohablantes (hispanos/latinos) a Estados Unidos es una de las razones fundamentales de su estabilidad, a pesar de los críticas. El episcopado de EE.UU. en su sitio web destaca que de los 35 millones de hispanos en el país, 39% profesa la fe católica. Asimismo, se han diseminado 4.000 ministerios hispanos, hay 2.900 sacerdotes latinoamericanos, 9.925 hispanos por cada cura latino, 500 sacerdotes ordenados de padres hispanos, siendo en el 2002 el 15% de los curas ordenados de origen latino.
Es de esperar que el encuentro que el Papa tuvo con líderes de otras religiones en el país redunde igualmente en beneficio pastoral, ya que es común escuchar a algunos pastores despotricar contra la iglesia católica, en vez de buscar la pacificación de los espíritus. ¿No es que están para ese cometido?
El Editor