El dilema para la gente está entre ir al médico o comprar comida, llenar el tanque del auto o pagar la cuenta del teléfono, ir a la universidad o buscar trabajo, ir de vacaciones o quedarse a trabajar. Evidentemente el estilo de vida de mucha gente está cambiando radicalmente en el país más rico del planeta. El país más rico del mundo o la primera potencia mundial, como es conocida Estados Unidos de América o EE.UU, pero que está poniéndose en duda a diario.
Y es que en la primera potencia mundial hay un estimado de 47 millones de personas sin seguro médico, en contraste con otras potencias, como Inglaterra, Canadá, Cuba o Alemania, donde las personas, sean turistas o ciudadanos, reciben atención sanitaria sin vueltas y sin pagar un centavo. Por eso el enojo entre tantos ciudadanos norteamericanos por el sistema de salud y hasta se ha declarado un día especial en el calendario para manifestar ese estado de ánimo.
Se trata del 19 de junio, fecha en la que en varias ciudades del país se llevarán a cabo mítines y plantones en varios centros hospitalarios y otros lugares, para no solo protestar por el elevado costo de la atención de salud, sino para reclamar justicia social en cuanto al problema de los planes o seguros médicos. En especial los organizadores quieren manifestarse en contra de las aseguradoras médicas que son un poder por encima del poder político, y que con su fortuna pueden comprar la conciencia de los congresistas para hacerse de dinero fácil a costa del dolor de los pacientes, según la Asociación Californiana de Enfermeras.
La directora ejecutiva del gremio de enfermeras, Rose Ann DeMoro destaca que su grupo es un sindicato social. “Creemos que el interés de nuestros miembros y el interés del público son idénticos. Las enfermeras y enfermeros tienen la obligación legal de abogar por sus pacientes; ellos tienen una relación muy cercana con sus pacientes; ellos no se mueven por el dinero… y el sistema de seguro sanitario está derrumbándose”, sostiene la dirigente.
Las enfermeras tienen que luchar para salvar sus trabajos, que las corporaciones de seguro podrían liquidarlos en cuestión de minutos, agrega DeMoro, al puntualizar que Stern aboga un modelo por el cual el empleador define un trabajo y organiza a los trabajadores al punto de definirles. En su opinión lo que Stern plantea es mortal para las enfermeras registradas así como para el cuidado del paciente.
Ojala las plegarias de las enfermeras se escuchen en esta ocasión y que se cumpla lo que Barack Obama promete: seguro médico para todos como tienen los miembros del congreso.
Esa es la parte más sobresaliente de todo el embrollo del seguro médico en EE.UU.; mientras la gente se muere por falta de atención o porque no tiene con qué pagar, los congresistas se pueden tomar el lujo de aceptar la presión y el dinero de la industria que después explota a la gente que les puso en el Congreso.
Obama dice que es hora que el ciudadano común pueda acceder a la atención sanitaria igual que los miembros del congreso.
Eso está por verse, porque cuando Hillary Clinton estuvo como Primera Dama por ocho años también se lanzó a la cruzada por una reforma sanitaria integral y al final terminó siendo beneficiaria del dinero de la industria del seguro y dejó de hablar del asunto, hasta que quiso ser Presidenta.
Eso sí, se sigue despilfarrando a diario dinero del pueblo sufriente norteamericano en Irak.