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Publicado el 09/25/2007 2:49 PM EST
¿Dónde estás, tolerancia?
Una sociedad que se jacta de civilizada pone énfasis en la tolerancia. Según el diccionario de la Real Academia Española, tolerancia significa: Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contra-rias a las propias.
La historia de los Estados Unidos está plagada de actos, gestos y leyes que van en contra de este principio universal de respeto entre sus ciudadanos. El ejemplo viviente tiene mucho que ver con la esclavitud de la gente de color o africanos traídos a este país y que a la entrada de un nuevo milenio aún permanece arraigada.
Cuando la intolerancia se vuelve institucional, es decir, se promueve desde las esferas gubernamentales, la situación se vuelve más difícil y complicada. Miles de personas marcharon el 20 de setiembre por las calles del pequeño poblado de Luisiana, Jena, para expresar su apoyo a seis jóvenes de raza negra acusados de propinar una golpiza a un estudiante blanco durante una trifulca escolar.
Los seis jóvenes negros fueron acusados hace unos meses de intento de ase-sinato, después de que tres adolescentes blancos fueron acusados de colgar sogas de linchamiento en un árbol cerca del colegio. Las sogas fueron colocadas después que algunos estudiantes negros se sentaron bajo el árbol donde tradicionalmente se juntaban sus pares de raza blanca.
Los adolescentes blancos fueron expulsados temporalmente de la escuela pero no procesados. Cinco de los negros fueron inicialmente acusados de intento de asesinato, cargo que para cuatro de ellos fue luego reducido a agresión; el quinto no ha sido encausado aún. El sexto está siendo procesado como menor de edad.
La situación parecería una chiquilinada, pavada o broma de mal gusto, pero el poder de los símbolos muchas veces es desestimada. La soga colgada en el árbol representa a los miles de personas de la raza negra que fueron ahorcados en el pasado, ya sea por diversión o en represalia por demandar su libertad.
Este caso debería alertar a las autoridades nacionales sobre la necesidad imperante de avanzar hacia una sociedad civilizada, donde la tolerancia prime sobre la barbarie. La respondabilidad del gobierno para que se haga justicia, pero justicia real y justa, es obvia, porque mientras exista privilegios hacia unos no tendrá valor práctico enseñar el respeto hacia las ideas, creencias o costumbres que sean contrarias a los otros.
Igualmente, los padres de familia y educadores deberían concentrar sus esfuerzos para que los niños se nutran de tolerancia, y los sacerdotes y pastores deberían insistir en sus sermones la necesidad de aceptar a los demás en vez de aplacar a los que no profesan la misma fe.
Por supuesto, los medios de comunicación tienen su parte también en esta gigantesca tarea de enseñar tolerancia.



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