No pretendemos ser adivinos del futuro, ni pájaros mal agueros. La cuestión es: ¿Reventaremos como nación, como sociedad, como generación del fracaso en el 2011?
En Augusta nuevos comisionados se harán cargo de gobernar el condado de Richmond, con la posibilidad de cambiar la estructura administrativa y mucho nerviosismo entre los 2 mil funcionarios y operarios quienes podrían perder no solo sus puestos de trabajo, sino que con ello sus pensiones.
Augusta todavía tiene unos 9 millones de dólares de agujero presupuestario, y hay servicios, como el de transporte público, que podría pasar a manos privadas o parcialmente reducido a casi nada. Usuarios del servicio comunal se han puesto en pie de guerra porque se ha evidenciado falta de voluntad política por parte de las autoridades, quienes han arrastrado por décadas posibles soluciones.
Demás está decir que el deterioro de la seguridad pública en Augusta es la comidilla popular, pero tanto el alcalde, Deke Copenhaver, como el sheriff, Ronnie Strength, se pasan tirando piropos, alabando la dedicación de uno y otro para combatir el crimen organizado e individual.
Para los entendidos en la materia, la incidencia de muertes violentas de unos 40 casos en 2010 en el condado de Richmond está por debajo del índice nacional para ciudades de la misma densidad de unos 200 mil habitantes. Esto sin ponerle números a las violaciones, asaltos y raptos. El tema es que en Augusta, la percepción criminal es mayor de la que la población puede tolerar y para una buena cantidad de vecinos es un problema, quieran o no las autoridades aceptar el hecho.
A todo esto se suman los despidos masivos que lentamente van aniquilando las economías, el aumento de impuestos y el de la gasolina.
Este panorama de fracasos a nivel individual y colectivo como nación y la intolerabilidad entre republicanos, demócratas y el presidente Barack Obama no son premoniciones de un buen final para el 2011 que empieza. Y este clima de tensión parece descontrolable y nos lleva a la reflexión de que hay algo que no funciona y que podría resultar peligrosa para la convivencia pacífica. Ni hablar de las redistribuciones geopolíticas.
Lo único que podemos hacer desde esta tribuna es alentar a nuestros políticos, líderes religiosos, activistas comunitarios y ciudadanos responsables, a que tomemos posturas más coherentes, más comprometidas con la realidad en que vivimos. Nos urge sentarnos a dialogar y a limar nuestras asperezas, de lo contrario nos estamos dirigiendo arriesgadamente hacia el precipicio.
De que hay fuerzas ulteriores con ganas de vernos en el precipicio no quedan dudas. El ambiente caldeado en esferas del poder de la nación es altamente contribuyente y debemos permanecer alertas. Bienvenido 2011.