No hacía ni una semana que Sonny Perdue dejó la gobernatura de Georgia y ya empezó a tener pérdida de memoria. En una de las tantas entrevistas que ofreció dijo que un legado “importantísimo” de sus ochos años en el poder es el aumento del nivel académico de las escuelas en el Estado.
Menos mal su propio correligionario del Partido Republicano le hizo refrescar la memoria a Perdue, señalando que el 80 por ciento de aumento en el nivel escolar mencionado por el ex gobernador ha sido inflado. Y la afirmación fue hecha nada menos y nada más por Fran Millar, titular del Comité de Educación del Senado.
Quizá la herencia más significativa del reinado de Perdue es el déficit en las arcas del Estado que pone en peligro la gobernabilidad y el mantenimiento de la economía en Georgia.
El nuevo gobernador, Nathan Deal, quien sucede a su correliginario Perdue, le debe un montón por el agujero financiero que recibe. Deal tiene sobre su espalda no muy buena reputación en cuanto al manejo de dinero y sus propias finanzas personales y familiars, por lo que será interesante lo que pueda ofrecer al Estado en cuanto a sapiencia y manejo de la cosa pública.
Pero por suerte los republicanos, gobernantes y políticos tienen una disciplina muy particular y expertos que están dia y noche elucubrando ideas y elaborando soluciones a los acuciantes problemas que afectan a los habitantes de la región.
En ese sentido, Newt Gingrich y un grupo de expertos están analizando la propuesta de plantear una ley federal que permita a los Estados declararse en bancarrota.
Al gobernador Deal y otros en la Unión Americana le vendría como leche al café que Georgia se declare en bancarrota, así podría en un santiamén borrar de su portafolio de deudas los casi dos billones de dólares en el 2011. Y de paso, los jubilados dejarían de recibir sus pensiones, los desempleados no percibirían seguro de desempleo, los programas de asistencia a los necesitados de comida y otros menesteres serían eliminados o congelados. En síntesis, el Estado operaría a medias y quizá el índice de suicidio de personas jubiladas y retiradas aumentaría, pero el gobernador Deal tendría menos preocupación por el presupuesto.
La propuesta de sacar una ley que permita a los Estados invocar bancarrota sale de Gingrich, quien años atrás siendo legislador por Georgia ocupó el cargo de Speaker of the House en el Capitolio de Washington, D.C. y quien también se percibe como candidato a presidente de este país en el 2012.
Es de esperar que la idea de Gingrich prospere y que la reducción o paralización de beneficios no solo afecte a los menos favorecidos de nuestra sociedad, sino que empiece por los legisladores, jueces y demás, así todos estarían apretándose los cinturones.
La cuestión debe ir más allá de un planteamiento superficial y temporal, ya que cortando beneficios y derechos propios de los trabajadores estatales y de los residentes en desventaja sin atacar otros aspectos crónicos resultará en un desequilibrio social.
El gobernador Deal y los legisladores de Georgia deben ser agresivos en sus recortes deficitarios y sorprende que no se escuche desmantelar un “elefante blanco” como el museo Go Fish. Si Perdue realmente pensara en prioridades jamás hubiera llevado adelante tal proyecto.
En Augusta hemos perdido The National Science Center (Fort Discovery), pero parece que los pescados son más importantes.