25% de los ingresos del hogar. En los países sudamericanos, el efecto es más moderado.
El mayor impacto negativo es la disminución de la demanda externa por productos agropecuarios, mineros y del sector industrial que se traducirá en menos empleo. Son claros los efectos que se reportan en cada uno de los países sobre el empleo urbano (en el caso del sector industrial y parte del minero) y el empleo rural (en el caso del sector agroexportador y minero), lo que traería consigo cambios en la composición del ingreso rural. Para distintos segmentos de afectados por los cambios en el empleo, la agricultura se volverá un refugio durante la crisis.
Si bien los países en general tienen cuentas fiscales favorables, su capacidad de mantener o incrementar el gasto público para contrarrestar los efectos de la crisis dependerá de la magnitud de la misma y de su duración. La mayoría de los países considera en sus planes anticrisis políticas contracíclicas que incluyen mantener o incrementar el gasto social. La capacidad fiscal y financiera de mantener estas políticas es aún un tema de discusión. Además, es posible que estas políticas se centren en programas para atender a nuevos grupos de pobres, probablemente urbanos antes que rurales.