Los países analizados fueron seleccionados usando dos criterios: que tuvieran elevados niveles de pobreza rural (incidencia de pobreza superior al promedio de la región) o que fueran países que den cuenta de las mayores cantidades de pobres rurales en la región (Brasil y México).
Los efectos de esta crisis afectarán a los países y a los hogares de menores recursos a través de al menos tres mecanismos:
Menores ingresos como consecuencia de las menores oportunidades laborales (resultado de caídas en la demanda o en la inversión, sobre todo en infraestructura);
menores ingresos por reducciones en la remesas de migrantes; y
reducciones en el gasto público, en particular el gasto social (que puede afectar a los más pobres mediante las disminuciones en sus ingresos o en su consumo).
Los mayores efectos se verán en las zonas urbanas. El grado de desconexión de las economías rurales con los distintos mercados de bienes y de factores permite que la crisis afecte en menor medida al campo que a la ciudad.
Es posible que aumente la incidencia de la pobreza rural. La crisis puede empujar a los hogares rurales «vulnerables» —los que están por encima de la línea de la pobreza— hacia una situación de pobreza, posiblemente con reducciones en la desigualdad rural y en la brecha de pobreza. Son estos hogares los que más dependen de los ingresos laborales dependientes y del dinamismo de los mercados urbanos.
Casi todos los países muestran una caída en los flujos de remesas. Esta disminución es más importante en los países centroamericanos (El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua) y en República Dominicana, donde el porcentaje de hogares que recibe remesas representa más del 20% de los hogares en los ámbitos nacional y rural, y las remesas constituyen más del
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