WASHINGTON.- La crucial derrota en el estado de Massachusetts, considerada tierra propia, puso al Partido Demócrata de Barack Obama en alerta amarilla. En un golpe de timón que intenta evitar una crisis política, el presidente dio ayer manotazos para salvar del desastre sus iniciativas más preciadas.
Lo primero que hizo fue anunciar que estaba dispuesto a reducir "a sólo lo esencial" su cuestionado proyecto de reforma del sistema de salud. "Hagámoslo juntos", pidió a los republicanos, que, desde su victoria de ayer, tienen la llave del Senado. También anunció límites en el gasto público.
Aun sin respuesta, el giro de Obama no basta para neutralizar la onda expansiva del castigo que le dieron los votantes cuando apenas cumple un año en el gobierno.
Con el agua fría del baldazo de la derrota aún sobre el cuerpo, Obama levantó el teléfono, felicitó al ganador republicano -defensor de la tortura en los interrogatorios a acusados de terrorismo- Scott Brown, hasta ayer desconocido para buena parte del país, y lo invitó a trabajar juntos.
Lo otro que hizo fue bendecir el discurso con el que ayer, en las primeras horas tras la crisis, reaccionó la Casa Blanca. Un mensaje que, más o menos, dice: "Hemos escuchado a los votantes, analizaremos cambios, pero seguiremos adelante con la agenda del presidente".
Pero lo cierto es que, por debajo de tanta cortesía, late un cóctel de desconcierto y desazón entre los demócratas, asustados de que, bajo sus pies, se abra el abismo.
Temen, dicen fuentes coincidentes, que si las palabras de circunstancia no se traducen en una firme corrección del rumbo y en reconexión con el voto que, hace sólo 14 meses, hizo de Obama el ícono de la esperanza, la señal de alerta se convierta en un desastre político en las elecciones legislativas de noviembre próximo.
"Si no encontramos un modo de hablar a los votantes independientes, estamos acabados", reconoció un influyente responsable demócrata.
La Casa Blanca, con todo, negó que el grave revés signifique un rechazo de las políticas de Obama o un referéndum sobre el primer año de su gestión.
Claro que fue un plebiscito, pero fue, también, más grave que eso. La gente está enojada. Y quiere funcionarios que trabajen
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