Casa Blanca, en 936 Broad Street, centro de Augusta.
Anibal Ibarra
Habrir un negocio no es un chiste y menos cuando la economía del país va en picada, pero uno no es adivino. Si bien Art Gomez y Jai West no miraron la bola de cristal ciertamente han estado utilizando el ingenio y la creatividad para seguir a flote Casa Blanca, en 936 Broad Street, en pleno centro de Augusta.
Cuando en diciembre del 2008 Casa Blanca Coffee Cafe habrió sus puertas, los dueños no pensaron que sus sueños de tener una clientela de comsensales asegurados diariamente se evaporarían en semanas. Y eso fue así porque la bola de nieve empezó a rodar cuesta abajo con el descalabro financiero de las hipotecas.
Gómez relató a Hola Augusta que había gran optimismo en Casa Blanca por el futuro promisorio que se vislumbraba con la actividad vertiginosa en el viejo edificio en Broad Street conocido como White House. El complejo edilicio estaba por convertirse en un caudal monetario impredecible, con condominios y salones comerciales, que pondría a Casa Blanca en una situación de ventaja ponderable.
Sin embargo, el debacle financiero de las hipotecas que empezó a darse en esos momentos dejó los planes para el White House no solo sin esperanzas de continuar sino que incluso con cambios de dueños por escasés de recursos monetarios. En síntesis ya no hubo manera de financiar el proyecto que hubiera significado un drástico cambio en la infraestructura del centro de Augusta, estancado por décadas, y por otro lado atraería inversores de otra índole.
Ante semejante escenario de realidad deprimente, Gomez y West decidieron continuar con el restaurant contra viento y marea. Había que ponerse creativos, porque ya la clientela asegurada no estaría y entonces había que atraer comensales en un ambiente hostil para cualquier negocio y aún más en el centro de la ciudad.
Las desventajas para
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